Policiales
La familia de Érica Valdez impugna la teoría del suicidio y denuncia un presunto encubrimiento
A más de un mes del fallecimiento de Érica Yamila Valdez, la oficial de 42 años que falleció dentro de una garita de vigilancia, su entorno íntimo rompió el silencio. Revelaron testimonios clave que contradicen la versión oficial, denunciaron la "aparición mágica" de una carta de despedida y apuntaron contra las graves fallas en la preservación de la escena por parte de la propia fuerza.
18 de Mayo de 2026
La noche del pasado 9 de abril parecía una jornada de guardia habitual para la oficial Érica Yamila Valdez. Sin embargo, el módulo de control policial ubicado en la intersección de la Avenida 60 y calle 139, en las inmediaciones de los predios logísticos de YPF, se convirtió en el escenario de una tragedia que hoy amenaza con desatar un escándalo en Berisso. Mientras la justicia penal mantiene el expediente bajo la carátula presuntiva de "suicidio", la familia de la uniformada inició una contraofensiva legal para exigir que el caso sea investigado formalmente como un homicidio.
La reconstrucción que sostiene el entorno de Valdez se basa en elementos sumamente complejos y en la declaración de una testigo presencial que desarma la hipótesis del autodisparo. De acuerdo con las actas de la investigación, una mujer que transitaba en bicicleta por la zona escuchó gritos desesperados provenientes de la garita. Al aproximarse, halló a la oficial de 42 años tendida en el piso, atrapada entre el umbral y el interior del destacamento. Antes de perder el conocimiento, Valdez llegó a pronunciar cuatro palabras que cambian el rumbo de la historia: “Me pegaron un tiro”.
El misterio de la carta invisible y la manipulación de la escena
Siguiendo las directivas de la víctima, la ciclista tomó el sistema de comunicación radial (handy) de la oficial para emitir el alerta a la central de emergencias. El auxilio no fue inmediato: pasaron largos minutos hasta que las primeras patrullas de apoyo arribaron al puesto para trasladar de urgencia a Valdez hacia el Hospital de Berisso, donde finalmente se constató su deceso.
La primera gran contradicción del caso radica en una supuesta misiva de despedida que la policía científica dice haber encontrado en el lugar, elemento que utilizó la fiscalía para inclinar la balanza hacia la hipótesis del suicidio. No obstante, la testigo civil que socorrió a la víctima afirmó ante la Justicia que en ningún momento visualizó papel alguno con inscripciones. De hecho, la mujer detalló que tomó un cuaderno que estaba sobre la mesa de la garita para usarlo como abanico y facilitarle la respiración a la oficial herida, ratificando que el espacio no presentaba cartas a la vista. En sintonía con este relato, los primeros agentes policiales que actuaron en el rescate también negaron haber visto el manuscrito en los momentos iniciales.
El hermano de la víctima, Jonatan Valdez, fue un paso más allá y denunció penalmente la filtración de material sensible antes de la intervención de los peritos. “¿Cómo puede ser que imágenes de la supuesta carta de despedida ya estuvieran circulando en los grupos de WhatsApp de los efectivos policiales antes de que la escena del hecho fuera preservada con el perímetro científico?”, cuestionó con indignación, abonando la teoría de una manipulación orientada a desviar la investigación.
Sombras en la garita: una pareja sospechosa
Otro de los puntos oscuros del expediente se centra en los momentos previos al desenlace. La principal testigo relató que, en medio de la desesperación por asistir a la oficial herida, divisó a una pareja que se encontraba a escasos metros de la garita de la Avenida 60. Al solicitarles ayuda para socorrer a la mujer policía, ambos respondieron de forma negativa y se retiraron apresuradamente de la zona, sin que hasta el momento se haya logrado establecer sus identidades.
Por otra parte, los representantes legales de la familia Valdez manifestaron un profundo malestar por los plazos dispuestos por la fiscalía de instrucción para la producción de pruebas de laboratorio. Las pericias consideradas determinantes —entre ellas el análisis de absorción atómica (dermotest) para detectar pólvora en las manos y la apertura técnica de los dos teléfonos celulares secuestrados en el habitáculo— fueron agendadas recién para los meses de agosto y noviembre.
Para el entorno de Érica, estas demoras resultan intolerables, más cuando la familia ya facilitó los códigos de acceso de uno de los terminales móviles para agilizar la revisión de los últimos mensajes y llamadas que recibió la oficial antes de recibir el disparo. Los allegados confían en que el cruce de datos informáticos, sumado al relevamiento exhaustivo de las cámaras de monitoreo del Municipio de Berisso y de la planta de YPF, aportarán la claridad definitiva.
Mientras la investigación avanza a paso lento en los tribunales, los vecinos, amigos y compañeros de la fuerza de Érica Yamila Valdez multiplican las convocatorias a marchas y movilizaciones por el centro de la ciudad. Bajo las consignas de "¿Homicidio o encubrimiento?", la comunidad de Berisso exige el apartamiento de las hipótesis lineales y reclama que se investigue el entorno de la oficial.
