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Miércoles 7 de Enero de 2026

Señales

Gestos políticos en Mar Chiquita refuerzan la idea de un nuevo armado de poder

Encuentros informales y movimientos recientes alimentan la lectura de un acuerdo en consolidación.

5 de Enero de 2026

En Mar Chiquita comenzaron a activarse movimientos políticos que remiten a tradiciones conocidas de la política argentina, pero con objetivos claramente actuales.

En las últimas semanas tomó forma un entendimiento entre sectores históricamente enfrentados, identificados en el esquema Alejandro “Catarro” Ruau por un lado y el espacio que responde a Walter Wischnivetzky por el otro, un acercamiento que apunta a garantizar gobernabilidad y habilitar un proceso de renovación política real en el distrito.

El acuerdo, aún en etapa de consolidación, tendría como rasgo central correr del centro de la escena a dirigentes que durante años concentraron poder territorial y decisiones estratégicas. En ese grupo aparecen el senador Jorge Paredi, junto a Marcelo Sosa y Diego Ginestra.

El mensaje interno es explícito: el nuevo armado busca dejar atrás lógicas de acumulación personal y negociaciones cerradas, apostando a un esquema más amplio y menos dependiente de liderazgos asociados al pasado reciente.

En paralelo, el entendimiento avanza en conversaciones con espacios vecinalistas y fuerzas no alineadas orgánicamente con los grandes partidos tradicionales, con la mira puesta en un eventual gobierno de coalición.

No se trata solo de una ingeniería electoral coyuntural, sino de un intento de recambio generacional, con nuevas voces y una agenda más cercana a las demandas del vecino común, en contraste con las internas partidarias que dominaron la política local durante la última década.

Este reordenamiento no ocurre en el vacío. Se inscribe en un contexto regional e internacional marcado por una fuerte reconfiguración del poder, donde los alineamientos geopolíticos, la energía y los recursos estratégicos comienzan a condicionar incluso las dinámicas locales.

En ese marco, América Latina vuelve a ocupar un lugar central en el tablero global, y la Argentina aparece como un actor relevante por sus reservas de gas no convencional y petróleo, lo que impacta indirectamente en las decisiones políticas a nivel nacional, provincial y municipal.

Según lecturas que circulan en ámbitos especializados, este escenario refuerza la estrategia del intendente Wini de explorar una alternativa política más amplia, capaz de garantizar continuidad de gestión sin quedar atrapada en las tensiones internas del peronismo local.

Desde su entorno admiten que las maniobras impulsadas por el senador Paredi, orientadas a debilitar al Ejecutivo y a relanzar la figura de Fabián Jarquet, aceleraron la decisión de buscar un armado transversal que integre al peronismo, al radicalismo, al vecinalismo y a sectores independientes.

En los últimos días, incluso, comenzó a circular entre vecinos una versión que no pasó inadvertida en el mundo político local: Alejandro “Catarro” habría sido visto viajando junto al intendente por la Ruta 2.

Más allá del carácter informal del dato, el gesto fue leído como otro indicio del proceso de diálogo y reconfiguración de vínculos que atraviesa hoy al oficialismo. En un escenario donde los gestos pesan tanto como las declaraciones públicas, estas señales refuerzan la hipótesis de un armado más amplio y por fuera de los esquemas tradicionales.

Sin embargo, este giro estratégico también genera costos internos. Un sector importante del peronismo local expresa malestar con el intendente, a quien había comenzado a ver como una alternativa honesta frente a las estructuras tradicionales.

El enojo se explica por la sensación de desplazamiento que generó la priorización del diálogo con referentes del radicalismo, mientras dirigentes y militantes que acompañaron el proceso desde sus inicios continúan fuera del esquema de decisiones.

En ese clima de tensión, la figura de Jorge Paredi vuelve a emerger como el único dirigente con capacidad real de contener y ordenar al peronismo local, capitalizando el descontento de un espacio que se siente relegado del proyecto que ayudó a construir.

Así, Mar Chiquita se encamina hacia una etapa de definiciones, donde la disputa entre gobernabilidad, lealtades políticas y recambio generacional marcará el pulso del escenario político en los próximos meses.

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