Berisso
Quemaron los carteles y ofrendas a minutos de terminar la marcha por Érica Valdez
Familiares y vecinos denunciaron un brutal atropello en el puesto de control de la Avenida 60. Empleados estatales o efectivos policiales desmantelaron el altar civil montado durante la movilización e incineraron las pancartas con el rostro de la agente fallecida. "Es un ensañamiento que busca tapar la verdad", sentenciaron sus allegados.
11 de Junio de 2026
La indignación social en torno a las opacas circunstancias que rodearon la muerte de la oficial de la Policía Bonaerense, Érica Valdez, sumó un capítulo de extrema violencia simbólica y provocación. A escasos minutos de haber desconcentrado una masiva y pacífica marcha con la que la comunidad de Berisso exigía el esclarecimiento del caso, una orden oficial activó el desmantelamiento inmediato y la posterior quema de todos los recordatorios instalados por los deudos de la joven.
El ultraje a la memoria de la agente de 34 años se perpetró en el mismo predio donde se desencadenó la tragedia el pasado mes de abril: el contenedor de control vehicular ubicado en el acceso de la Avenida 60 y la calle 128. Allí, la columna de manifestantes había concluido la jornada depositando ofrendas florales, encendiendo velas de procesión y pegando afiches con la imagen de la víctima para visibilizar el reclamo contra las cúpulas policiales.
La velocidad del operativo de limpieza urbana careció de cualquier tipo de decoro o sensibilidad humanitaria. No llegó a transcurrir una hora desde que los últimos vecinos se retiraron del retén cuando un grupo de tareas intervino de forma drástica en el sector:
Retiraron de prepo los ramos de flores, volcaron las luminarias y despegaron cada una de las cartulinas que retrataban la demanda de justicia. Lejos de trasladar el material hacia depósitos de residuos, los operarios acumularon las pancartas con la cara de Érica a un costado del asfalto, a metros del módulo policial, y les prendieron fuego.
Para el entorno íntimo de Valdez, este episodio excede una simple tarea de ordenamiento del espacio público y califica directamente como un atentado contra los derechos humanos en el marco de un proceso de duelo. La drástica determinación de borrar cualquier rastro físico del reclamo popular es leída por la ciudadanía movilizada como un intento directo de invisibilizar las denuncias por acoso laboral y desprotección que pesan sobre la comisaría local.
"En un país normal la Justicia se ejecuta, no se mendiga. Que hayan usado fuego para desaparecer las fotos es la muestra más clara del desamparo institucional en el que estamos inmersos", manifestó con profundo dolor uno de los organizadores de la marcha.
