Opinión
La ceguera inmediata del Poder
La política argentina tiene la extraña capacidad de devorarse sus propias promesas de austeridad con una velocidad que asombra hasta a los más escépticos. No se trata aquí de una simple cuestión contable ni de calcular cuántos litros de combustible gasta el avión presidencial por sumar un pasajero extra, sino de la ruptura estrepitosa de un pacto ético con el ciudadano de a pie. El Gobierno Nacional parece haber olvidado que su principal capital no es el superávit, sino la autoridad moral que hoy se diluye entre las nubes del Atlántico Norte.
16 de Marzo de 2026
Por: Bautista Iannone
Cuando el vocero presidencial intenta justificar el viaje de su esposa a Nueva York apelando a que se "desloma" trabajando, incurre en una soberbia que el bolsillo del trabajador común no está dispuesto a tolerar. En ciudades como Berisso, deslomarse es una condición de supervivencia diaria para miles de familias que hacen malabares para pagar la luz, no un argumento para acceder a beneficios que huelen a los mismos privilegios de esa casta que tanto juraron combatir.
La teoría de la "butaca libre" es, en realidad, el primer paso hacia la patrimonialización del Estado, esa vieja y nefasta costumbre de creer que los bienes públicos son una extensión del living de la casa propia. Si el asiento efectivamente sobraba, la decencia mínima dictaba que permaneciera vacío, funcionando como un testimonio silencioso de que el ajuste que se le exige a los jubilados también rige para la mesa familiar de los funcionarios de mayor rango. No existe el "costo cero" cuando lo que se está gastando es la confianza de una sociedad que aceptó el sacrificio bajo la promesa de una transparencia absoluta.
El gran peligro que enfrenta hoy este proyecto político no es la oposición ni el gremialismo combativo, sino su propia incapacidad para resistir las tentaciones de la comodidad que el poder ofrece en bandeja. La ceguera del poder es precisamente esa: dejar de ver el barro de la calle desde la ventanilla del avión.
Al final del día, el riesgo es que la motosierra termine convertida en una simple lima de uñas que solo suaviza las aristas. No permitan que la altura del vuelo presidencial les haga olvidar que, abajo, el suelo sigue estando demasiado caliente para quienes todavía esperan que el esfuerzo no sea solo para los de afuera. El privilegio no se mide por el espacio que ocupa en una cabina, sino por la distancia que genera entre los gobernantes y la realidad de los gobernados. Fin.
